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lunes, 30 de julio de 2012

Los coches autónomos como reto para las ciudades del futuro

Googlecar

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone donde colaboramos semanalmente con el objetivo de crear historias que «alimenten la mente de ideas».Desde hace tiempo un equipo de privilegiados ingenieros trabaja en Google en el coche autónomo sin conductor. Es un proyecto sin duda apasionante en en el que se combinan las últimas tecnologías con una serie de retos y problemas que también se escapan del ámbito de la pura ingeniería. Y que está planteando más preguntas que respuestas.El coche en sí es muy interesante, y se ha escrito a fondo en diversos sitios sobre él: cuenta con diversos tipos de radares y sensores, varias videocámaras, un aparatoso pero práctico LIDAR (una especie de sónar láser que gira sobre el techo) y naturalmente mecanismos y hackeos diversos para manejar el volante, los pedales y –cómo no– toda la inteligencia artificial del sistema.Pero, aparte de todos estos impresionantes aspectos, en la realidad de todo proyecto llega en el momento en que «hay que poner el invento en la calle». Y es aquí donde surgen los primeros problemas: ¿puede un coche viajar sin conductor legalmente por las calles y las carreteras? ¿qué normativa legal se aplica? Y, más allá del caso puntual, ¿cambiarán esas leyes y normas de tráfico en el futuro para que los coches sin conductor puedan ser una realidad?La cuestión no es baladí: ¿quién no ha visto alguna vez un Segway? En todo el hype previo al lanzamiento se habló de que era «un invento tan revolucionario que habría que reescribir las leyes, modificar las ciudades e incluso cambiar la planificación urbana para el futuro». Quizá tan solo los coches voladores implicarían una necesidad de cambio tan radical.Pasaron los años y resultó que el Segway no modificó gran cosa: dependiendo de las normas de unas ciudades y otras eran tratados como bicicletas, patinetes, motocicletas, vehículos de recreo o cualquier otra chisme parecido. Les obligaban a circular a veces por la acera, a veces por la calzada, a veces sólo en recintos cerrados… Su hueco parece seguir siendo un limbo legal en muchos sitios.Imaginemos ahora las implicaciones de un coche tradicional sin conductor, comenzando por los más evidentes: si hay un accidente, ¿quién es el responsable? ¿Puede considerarse que un vehículo sin conductor tenía razón o preferencia en un conflicto de tráfico? ¿Habría alguna compañía aseguradora que se arriesgara a vender una póliza para un vehículo así?Irónicamente, muchos de los que discuten sobre todo esto olvidan que, aunque todavía estén en su más tierna infancia, llegará un punto en el que estos vehículos serán más seguros que los vehículos con conductor. No es fácil entender que incluso hoy en día podrían ya serlo: el coche autónomo de Google ha conducido en pruebas reales miles y miles de kilómetros sin accidentes. En la actualidad, muchos accidentes debidos a fatiga, al consumo de alcohol o a despistes por ir hablando o escribiendo SMSs podrían evitarse con estos coches, al menos en una buena parte de trayectos.Pero la cosa se complica si se va un poco más allá… Imaginemos esas situaciones en que los coches presentan defectos y los propietarios denuncian a los fabricantes. Si un coche autónomo provoca un accidente, ¿podría el propietario demandar al fabricante por funcionamiento defectuoso? Si el error se debiera a un fallo de programación, ¿estaría el código abierto para que cualquiera pudiera examinarlo? Y si alguien ha hackeado la programación del coche para mejorarlo y eso hace que por desgracia se estampe, ¿asumirán las desgracias el hacker, la aseguradora o el fabricante?El problema no es muy distinto al de otros sistemas en los que los ordenadores controlan todos o casi todos los procesos de aparatos «potencialmente peligrosos». Los grandes aviones, por ejemplo, fueron calificados hace poco como «gigantescos mecanismos conectados a un ordenador que básicamente lo hace… todo», y aterrizan cada día con cientos de pasajeros a bordo sin mayores problemas en aeropuertos de todo el mundo.En la situación actual, es probable que Google tenga tantos o más abogados que ingenieros trabajando para analizar los problemas de unas leyes «creadas a medida de los vehículos conducidos por humanos» para que evolucionen al siguiente paso. El año pasado se dijo que Nevada podría ser el primer estado norteamaricano que permitiera este tipo de vehículos, si bien las noticias eran «un tanto exageradas» y a día de hoy no se puede circular por Las Vegas en un Google Car – algo sin duda quedaría muy turístico y extravagante.Al igual que sucede con otro tipo de automatismos, robots y sistemas «potencialmente peligrosos», el resultado es un difícil equilibro entre conveniencia y seguridad, de leyes que han de ser precisas pero abiertas a la constante evolución de nuestro mundo. Lo mejor sería conducir todo ello a lo que suele resultar más práctico: usar el sentido común, sin frenar la innovación pero sin tampoco poner en riesgo a la población.

{Foto: Google Robocar Racetrack Ride (CC) Steve Jurvetson @ Flickr}


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jueves, 28 de junio de 2012

Anfix: software de facturación para empresas y autónomos desde un «escritorio en la nube»

software de facturación para empresas y autónomos en la nube

Hace algún tiempo me llamó mi buen amigo Jorge -un veterano en esto de la tecnología y junto a quien he trabajado en más de una ocasión- para contarme que se había embarcado en una nueva aventura. Lo que tenía muy buena pinta como planteamiento acabó convirtiéndose al cabo del tiempo en una nueva empresa. Meses después la idea ya estaba en beta, «en el cloud» y presentándose ante los amigos y los medios.

El proyecto se llama Anfix. Una descripción rápida sería «un programa de facturación sin complicaciones»; algo más detallado sería decir que es un servicio al estilo de los «escritorios en la nube», encima del cual se instalan aplicaciones, arrancando con un software de facturación electrónica para pymes y autónomos como plato fuerte. Todo funciona de forma remota: no hay que instalar nada en el ordenador, la aplicación se actualiza automáticamente, hace copias de seguridad de los datos y está accesible desde cualquier equipo y sistema operativo: Windows, Mac o Linux; sobremesa, portátil, iOS, Android... funciona con todo. (Las versiones HTML/CSS/JavaScript para iPad, Android y otros dispositivos móviles pueden resultar un tanto lentas, pero me contaron que están trabajando en apps nativas para iOS y Android que verán la luz de aquí a finales de año.)

El módulo principal del escritorio de Anfix se llama FacturaPro. Está diseñado para pymes y autónomos, con todo lo que necesitan: crear clientes, emitir facturas, añadir conceptos como servicios por horas, catálogos de productos en almacén, etcétera. Tiene también funciones para crear PDFs de las facturas, asignarles formas de pago e incluso gestionar la custodia digital de todos los documentos.

Mis conocimientos sobre el software de facturación son muy limitados -y además creo que es la parte más siberiana y menos agradable de gestionar una empresa, candidata cien por cien a ser delegada en una gestoría- pero he encontrado por ahí algunos recortes y reseñas sobre Anfix, sus diversos aspectos y posibilidades.

Digamos que es como la versión destilada del Contaplus «de toda la vida» de modo que hace lo que debe hacer, sin más complicaciones ni florituras. Y existe en dos versiones, una para facturar servicios (pensada más bien para autónomos) y otra para comercios, que incluye presupuestos, almacenes, stocks, cobros, pagos, etcétera. Un escenario típico de uso sería una pequeña oficina o tienda; otro es un profesional autónomo que lleva su netbook en el maletín y preparara presupuestos o facturas y los envía por correo electrónico sobre la marcha a los clientes, con unos pocos clics.

Una de las pantallas de FacturaPro de Anfix

Crear una cuenta de pruebas en Anfix es cuestión de minutos; en una mañana introduje parte de la facturación de mi pequeña empresa para comprobar su facilidad de uso. El proceso fue bastante simple: personalizar los datos, crear clientes, emitir facturas... Mis detalles favoritos: que está pensado para ahorrar tiempo en cada paso del proceso, lo optimizadas que están todas ventanas para ser manejadas con el teclado -esto es el MundoReal™ y el tiempo cuenta- y los avisos periódicos que envía el servicio por correo a modo de resumen: cantidades facturadas, pendientes de cobro... Como un «panel de control a lo Google» de toda tu facturación.

Por otro lado, algo llamativo de Anfix es su planteamiento respecto a la forma de hacer negocio rompiendo las fórmulas tradicionales. Tal y como su fundador ha explicado, el software de gestión es algo tan tradicional que sería imposible intentar entrar como un jugador clónico más a ese mercado. O rompes las reglas o no tienes nada que hacer - y coincido con ese planteamiento al cien por cien, hay ejemplos similares en todos los ámbitos.

Tradicionalmente las empresas de software de gestión ganaban dinero vendiendo cajas y licencias del software. En Anfix la versión básica de FacturaPro es gratis y la más «avanzada» se vende como una tarifa plana muy barata. Es gratis para nuevas empresas (con menos de un año de vida), autónomos que facturen menos de 50.000 euros al año (o empresas con un volumen de menos de 120.000 euros/año) y ONGs. Cualquier otra empresa puede contratarlo por 9,90 euros al mes o 19,90 en la versión para comercios. Estamos hablando algo que tradicionalmente ha venido costando como mínimo miles euros a cualquier compañía mediana o pequeña (más actualizaciones).

El soporte es a través de un número gratuito 900 y también hay 5 GB de almacenamiento en los servidores para guardar las facturas. Además la compañía ofrece el tradicional «kit social de la señorita Pepis» con su blog, twitter, Facebook y un excelente canal de vídeos en YouTube. El planteamiento al respecto parte del concepto de que las consultas y comunicación con los clientes mejorarán las aplicaciones y sus funciones en el futuro.

Aparte de la utilidad que cada cual pueda encontrar en el software de Anfix lo que queda claro, como ya han demostrado Google y tantos otros, es que cada vez hay más campo sembrado -o más nube en este caso- para que las aplicaciones dejen de ser algo que requiera una instalación local, problemática e incómoda a veces. Si gestionamos nuestro correo, hojas de cálculo o cuentas del banco en aplicaciones y servicios remotos a través de Internet, ¿por qué no hacer lo mismo con las facturas y otras aplicaciones habituales de las pequeñas empresas? Cuando menos -y porque como dice el meme, it's free!- merece la pena hacer la prueba.


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