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lunes, 13 de agosto de 2012

¿Qué comunicaciones interceptan los servicios secretos? Probablemente más de las que creemos


The Puzzle Palace y Body of Secrets, del periodista e historiador James Bamford, experto en agencias de inteligencia, y The Codebreakers, del experto e historiador David Khan – sin duda el mejor libro de historia de la criptología publicado hasta el momento.



En Body of Secrets se explica como parte de la historia de la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional, que durante décadas «no existió» oficialmente) cómo entre las labores rutinarias de la organización estaba la interceptación de telegramas, télex y llamadas telefónicas. De todos los telegramas, télex y llamadas que entraban y salían del país. ¿Se consideraba la población norteamericana espiada por su propio gobierno por aquel entonces? Probablemente menos que ahora. Y sin embargo existían los medios técnicos para hacerlo y se hacía – desde los tiempos en que cada noche las compañías de telegramas enviaban todas sus copias en papel en grandes cajas.



Nsa-Aerialview-1



Según explica Bamford, el gran reto para las agencias (especialmente la NSA) durante las últimas décadas ha sido crecer tecnológicamente para ser capaces de absorber toda la inteligencia que circulaba por las redes telefónicas y de datos, incluyendo Internet. En tiempos, uno de sus mayores quebraderos de cabeza de la organización era conseguir incineradoras suficientemente grandes en las que destruir las copias de documentos inservibles, dado que el volumen de telegramas y télex generados e interceptados a diario crecía sin parar. En la actualidad es más bien un problema de potencia de computación y de sistemas de almacenamiento.



No en vano, en la NSA se manejan unas cifras sencillamente inconcebibles para la mayor parte de nosotros. Basten tres datos: (1) se sabe por estudios de los think tanks que potencialmente el volumen de datos que circulan y que podrían ser capturados llegará al el nivel de Yottabytes (1 YB = mil millones de terabytes) hacia 2015, lo que supondría poder almacenar miles de copias de toda la Internet sin problemas; (2) es una de las principales compradoras de superordenadores del mundo y (3) es la «empresa» que más matemáticos recluta en todo el planeta – básicamente porque los matemáticos son muy buenos criptoanalistas.



Visto lo visto, y conociendo los antecedentes de voracidad de la combinación de agencias FBI+CIA+NSA+Homeland Security, parece razonable suponer que igual que hace décadas la NSA gustaba de guardar todos los telegramas, télex y conversaciones telefónicas internacionales, hoy se haga exactamente lo mismo, incluyendo Internet. Y que con las capacidades técnicas esto se haya ampliado hasta ser capaz de engullir Internet varias veces entre sus cuatro paredes cada día. Si algo ha circulado por Internet (correos, chats, foros, llamadas de voz, y naturalmente todas las páginas web) es casi seguro que exista una copia entre las cuatro paredes del edificio de Fort Meade, Maryland.



El mayor problema de este tipo de colosales y descomunales desarrollos no es tanto capturar la información como procesar toda esa inteligencia. De ahí que a pesar de contar con todos los datos no se hayan podido evitar desastres como los atentados del 11-S, Londres o el 11-M (aunque sí otros): es como tener un gigantesco pajar en el que sabes que hay algunas agujas, pero eres incapaz de procesarlo todo a tiempo y adecuadamente. El análisis a posteriori es mucho más simple, pero en el estado actual raras veces sirve para predecir lo que sucederá mañana.



De modo que, volviendo el caso MegaUpload: si había correos (sin cifrar) circulando entre unos empleados y otros, con mensajes hablando de piratería y estrategias, y además estaban principalmente en servidores alojados en Washington, razonable es pensar que una copia de todo eso estaba al alcance de las agencias. Si esa información interceptada «ilegalmente» se utilizó como «indicios» ante un juez que luego ordenó el pinchado «oficial» de líneas, y eso llevó a nuevas revelaciones, a nuevas pruebas y a las detenciones finales, es algo que tal vez nunca sabremos. Pero que ese modus operandi es habitual en las agencias norteamericanas es algo que más de una vez ha trascendido pese al secretismo que se impone en esas operaciones.



{Foto: Copies for Star Telegram, 1954 (CC) Cushing Memorial Library and Archives, Texas A&M University, College Station, Texas @ Flickr; Sede de la NSA en Fort Meade, Maryland / NSA.}

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lunes, 30 de julio de 2012

50 aniversario del lanzamiento del Telstar 1, el primer satélite artificial de comunicaciones

Técnicos de AT&T haciendo pruebas con el Teslstar 1
Técnicos de AT&T haciendo pruebas con el Teslstar 1

Hoy se cumplen 50 años del lanzamiento del Telstar 1, el primer satélite artificial activo de comunicaciones.Con una masa de 77 kilogramos un un tamaño de 87,6 centímetros, límites marcados por la capacidad de los cohetes Delta de la NASA, era capaz de transmitir un canal de televisión, hasta 600 llamadas de teléfono, faxes, imágenes, y datos.Para ello disponía de receptores de la banda de microondas de 6 GHz a lo largo de su ecuador (las aberturas más pequeñas) que sus equipos de a bordo convertían a la banda de 4 GHz y retransmitían a través de las aberturas más grandes de la fila inferior.Además tenía células solares que cubrían buena parte de su superficie para generar los 14 watios con los que trabajaba y una antena helicoidal en su parte superior para recibir órdenes de la estación de control.Una peculiaridad del Telstar 1 es que su órbita era elíptica y con una inclinación de unos 45 grados, con un perigeo de 952 y un apogeo de unos 5.933, por lo que sólo estaba al alcance de la estaciones de tierra –que tenían que localizarlo con una precisión de tan solo 0,06 grados– durante unos 20 minutos de las aproximadamente dos horas y media que duraba cada órbita.Su escasa potencia hacía además que las antenas que captaban sus señales tuvieran que ser enormes, de unos 330 metros cuadrados.El Telstar 1 fue víctima de la explosión atómica de más potencia en el espacio, Starfish Prime, ocurrida justo el día anterior de su lanzamiento, que hizo que los cinturones de Van Allen estuvieran extraordinariamente activos, lo que unido a otras pruebas nucleares similares de los Estados Unidos y de la Unión Soviética hicieron que el 21 de febrero de 1963 quedara definitivamente fuera de servicio.Aún así, según el registro de objetos en órbita tanto el Telstar 1 como el Telstar 2 seguían en órbita en mayo de 2012.

Echo 1
Los Echo 1 y Echo 2 también ayudaron en el estudio de la viabilidad de las transmisiones vía satélite, aunque actuaban como reflectores pasivos

El Telstar 1 probó la validez del concepto de los satélites de comunicaciones, por lo que fue rápidamente seguido por el Telstar 2 y los Relay 1 y 2, y los Syncom 1, 2, que fue el primero en órbita geoestacionaria, y 3, y el Intelsat I, también conocido como Early Bird, el primer satélite de comunicaciones comercial, que entraba en servicio el 28 de junio de 1965.Hoy en día no podríamos vivir –bueno, sí, pero no nos gustaría– sin la miríada de satélites de comunicaciones que ocupan la órbita de Clarke, bautizada así en honor a Arthur C. Clarke, quien ya en 1945 predijo que sería una órbita útil para satélites de comunicaciones, aunque quien calculó por primera vez esta órbita fue el ingeniero austro-húngaro Herman Potocnik.

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viernes, 20 de julio de 2012

50 aniversario del lanzamiento del Telstar 1, el primer satélite artificial de comunicaciones

Técnicos de AT&T haciendo pruebas con el Teslstar 1
Técnicos de AT&T haciendo pruebas con el Teslstar 1

Hoy se cumplen 50 años del lanzamiento del Telstar 1, el primer satélite artificial activo de comunicaciones.Con una masa de 77 kilogramos un un tamaño de 87,6 centímetros, límites marcados por la capacidad de los cohetes Delta de la NASA, era capaz de transmitir un canal de televisión, hasta 600 llamadas de teléfono, faxes, imágenes, y datos.Para ello disponía de receptores de la banda de microondas de 6 GHz a lo largo de su ecuador (las aberturas más pequeñas) que sus equipos de a bordo convertían a la banda de 4 GHz y retransmitían a través de las aberturas más grandes de la fila inferior.Además tenía células solares que cubrían buena parte de su superficie para generar los 14 watios con los que trabajaba y una antena helicoidal en su parte superior para recibir órdenes de la estación de control.Una peculiaridad del Telstar 1 es que su órbita era elíptica y con una inclinación de unos 45 grados, con un perigeo de 952 y un apogeo de unos 5.933, por lo que sólo estaba al alcance de la estaciones de tierra –que tenían que localizarlo con una precisión de tan solo 0,06 grados– durante unos 20 minutos de las aproximadamente dos horas y media que duraba cada órbita.Su escasa potencia hacía además que las antenas que captaban sus señales tuvieran que ser enormes, de unos 330 metros cuadrados.El Telstar 1 fue víctima de la explosión atómica de más potencia en el espacio, Starfish Prime, ocurrida justo el día anterior de su lanzamiento, que hizo que los cinturones de Van Allen estuvieran extraordinariamente activos, lo que unido a otras pruebas nucleares similares de los Estados Unidos y de la Unión Soviética hicieron que el 21 de febrero de 1963 quedara definitivamente fuera de servicio.Aún así, según el registro de objetos en órbita tanto el Telstar 1 como el Telstar 2 seguían en órbita en mayo de 2012.

Echo 1
Los Echo 1 y Echo 2 también ayudaron en el estudio de la viabilidad de las transmisiones vía satélite, aunque actuaban como reflectores pasivos

El Telstar 1 probó la validez del concepto de los satélites de comunicaciones, por lo que fue rápidamente seguido por el Telstar 2 y los Relay 1 y 2, y los Syncom 1, 2, que fue el primero en órbita geoestacionaria, y 3, y el Intelsat I, también conocido como Early Bird, el primer satélite de comunicaciones comercial, que entraba en servicio el 28 de junio de 1965.Hoy en día no podríamos vivir –bueno, sí, pero no nos gustaría– sin la miríada de satélites de comunicaciones que ocupan la órbita de Clarke, bautizada así en honor a Arthur C. Clarke, quien ya en 1945 predijo que sería una órbita útil para satélites de comunicaciones, aunque quien calculó por primera vez esta órbita fue el ingeniero austro-húngaro Herman Potocnik.

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